¡Y llegó la sorpresa! En la semana del 16 al 23 de abril nos propusieron un ejercicio narrativo colaborativo. A partir de Madame Bovary de G. Flaubert nos propusieron leer las 1 ª o 2ª primeras páginas, y a partir de ello, reescribir esa historia. El reto consistía en contarla de manera digital, el reto era ser storytellers.Podíamos mezclar imágenes, sonido, texto, cambiar el sistema de educación de Charles Bovary.
El resultado fue un hipertexto magnífico, pero inabarcable en una sola lectura del tirón. En líneas generales, nuestra emoción era mucho mayor que nuestros peros cara la actividad. En mi caso, mi aportación fue de las útlimas y consistió en añadir algún vídeo sobre el cambio de metodología y las últimas frases e imágenes del documento general.
El título ha sido Madame Bovery
Desde mi punto de vista, decir dónde deberías empezar a leer es romper el sentido del relato hipertextual que hemos conseguido y cuyo resultado a mí me ha fascinado realmente. El comienzo ha sido el googledocs, pero todo ha ido fluyendo de un lado a otro. Por motivos personales, fui de las últimas en colaborar y al ir leyendo el texto de un lado a otro... tenía mil y una idea del relato en mi cabeza... me recordó inevitablemente a Las mil y una noche, pero en este caso no había una única Scheherazade que contaba sino múltiples.
La única crítica que haría a la actividad es que toda colaboración exige una lectura previa detenida de lo ya escrito y expuesto... y tal vez un exceso de material no permitiese realizarla de ese modo.
Respecto al contenido, por supuesto que podríamos haber sido más transgresores, pero creo que todos volábamos como pájaros recién salidos del nido.
miércoles
sábado
Storytelling. Ejemplos
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viernes
Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes
El arte de contar historias o el arte de la manipulación. Los grandes discursos son los que mueven el mundo.
Suplan nuevos vientos, los vientos de la Postmodernidad. Tomemos al maestro Lyotard como punto de partida. Heredero todavía de una historia de capas, Lyotard habla de que esta nueva etapa ha roto con antiguos parámetros y ha impuesto nuevas reglas: la fragmentación, la ruptura con el lazo social, la incredulidad ante los grandes relatos, la mercantilización del conocimiento. Atrás queda la Modernidad que legitimaba el saber con los grandes metarrelatos: mitos, religión, etc. Es evidente como señala Lyotard en las primeras páginas del libro que el discurso narrativo ha sido una pieza fundamental en la casa del saber tradicional.Pero, ¿qué ocurre en la Postmodernidad?
La tesis lyotardiana central en el capítulo X de la obra La condición postmoderna. Informe sobre el saberes que existen nuevos modos de legitimizar el saber y por ello se produce un proceso de deslegitimación. Uno de los primeros argumentos que aporta el filósofo francés es la idea de que la deslegitimación de los grandes relatos modernos está enraizada en el tiempo y que la legitimación no es más que un simple juego del lenguaje. Lo que Lyotard da en llamar deslegitimación pone en tela de juicio el saber narrativo y científico. La Postmodernidad trae bajo el brazo la deslegitimación de los grandes relatos amparados en estos dos discursos. Los dos grandes saberes: narrativo y científico tienen que buscar nuevos caminos de legitimación.
Lyotard es de la idea de que la deslegitimación abre un sendero nuevo en la Postmodernidad en el que la ciencia “juega su propio juego” (ídem) y no puede dar validez otros juegos y tampoco legitimarse a si misma como amparaba la especulación. Así, todo se resuelve en múltiples juegos del lenguaje que se diluyen como agua de borrajas. De ideas parejas, aunque reformuladas a su manera, son autores como Wittgenstein, Martín Buber y Enmanuel Lévinas.
Uno de los argumentos importantes que defiende Lyotard es que existe un pluralismo de juegos del lenguaje con diferentes reglas. Valga retomar la metáfora del autor: el lazo social es ahora lingüístico, “un cañamazo donde se entrecruzan al menos dos tipos, en realidad un múmero indeterminado, de juegos de lenguajes que obedecen a reglas diferentes” (1987: 36).No le deja una tarea nada fácil Lyotard al lenguaje y esto mismo entronca con la idea de Salmon. En el libro nos muestra como una buena historia es el mejor arma que puede tener a su alcance un política para vender sus mensajes, una buena historia es un arma de destrucción masiva de la desconfianza. No es tan importante la opinión pública como puede llegar a ser la emoción. Se ha producido una instrumentalización del relato. Una buena historia vende. Una mala historia no vende. No hay más.
Narrativa y poder II
Los relatos son parte de nuestra vida y su poder es innegable. ¿Los relatos mueven nuestro mundo? Tienen poder.
El poder reescribe la información y crea discursos enmarcados. La división de un mundo donde unos eran emisores y otros receptores favorecía el crecimiento de emisores poderosos y receptores empobrecidos. Es el momento de ligar la lectura de la palabra a la lectura de la imagen en un mundo en el que el poder tiene su parcela muy delimitada. ¿Qué tipo de modelo prefiere el poder? Tal vez un mundo de emisores y receptores, no un mundo de emisores, no comunidades de emisores que se retroalimenten de sus conocimientos porque ese avance comunicativo lleva implícita la pérdida de de poder, la pérdida del monopolio de la comunicación.
Los medios reproducen. Según García Matilla son muchos los eventos históricos de los últimos amosque evidencian la no existencia de “vínculos directos entre el progreso tecnológico y el progreso de la comunicación entre los pueblos”. Los medios “han reproducido de forma sistemática el discurso de poder”. En este proceso hay un punto de partida claro que ha de ser el de la deconstrucción. Los medios reconstruyen y vuelven a construír desde su óptica envenenada de poder la realidad. Al espectador, tal y como se concibe, le quedan dos cosas: jugar a su juego y creérselo y o bien jugar a su propio juego y jugar a la deconstrucción para llegar a la otra realidad, la realidad primigenia. No basta con entender la realidad, hay que transformar la realidad.
¿Qué ocurre con el poder y la comunicación? Que al poder le encanta dominar la comunicación y tiene miedo de los avances tecnológicos. Kress habla de que:
Los efectos del movimiento hacia la pantalla como principal medio de comunicación producirán cambios de largo alcance en relación con el poder y no sólo en la esfera de la comunicación. Allí donde amenacen con actuar cambios importantes que afecten a la distribución del poder, habrá una feroz resistencia por parte de quienes actualmente lo detentan, de tal modo que las predicciones sobre los potenciales y efectos democráticos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tendrán que verse a la luz de las inevitables luchas que se producirán en el futro sobre el acceso al poder. Ya está claro, tendrán las más amplias consecuencias imaginables a nivel político, económico, social, cultural, conceptual-cognitivo y epistemológico (2005: 2).
Dejarse arrastrar por la grandeza de la palabra poder puede llevarnos a un bucle de pesimismo y desolación, pero “donde quiera que haya poder hay también contrapoder” (Castells, 2012: 22). El contrapoder es la tribuna desde donde los ciudadanos podemos reclamar nuestros derechos, nuestros valores, nuestras necesidades, nuestros intereses. En otras palabras:
Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han producido una situación tecnológica en la que todos pueden publicar para todos y, por medio de ese enorme cambio, han abolido la era de la comunicación de masas. Pero esta es una situación tecnológica que sólo existe “en principio” ya que si en el pasado había poder adscrito al control de los medios para la difusión de la información, ese poder todavía existe en la actualidad y no es probable que sea cedido fácilmente, sin enfrentamiento, por parte de quienes lo tienen ahora a quienes no lo tienes. En otras palabras, los potenciales de estas tecnologías implican un cambio social radica, una redistribución del poder semiótico, el poder de crear y difundir significados (Kress, 2005: 25).
BIBLIOGRAFÍA
CASTELLS, M. (2009): Comunicación y poder. Madrid. Alianza Editorial.
CASTELLS, M. (2012). Redes de indignación y esperanza. Madrid: Alianza.
GARCÍA MATILLA, A.: Educomunicación en el siglo XXI
KRESS, G. (2003): El alfabetismo en la era de los nuevos medios. Málaga. Aljibe.
El poder reescribe la información y crea discursos enmarcados. La división de un mundo donde unos eran emisores y otros receptores favorecía el crecimiento de emisores poderosos y receptores empobrecidos. Es el momento de ligar la lectura de la palabra a la lectura de la imagen en un mundo en el que el poder tiene su parcela muy delimitada. ¿Qué tipo de modelo prefiere el poder? Tal vez un mundo de emisores y receptores, no un mundo de emisores, no comunidades de emisores que se retroalimenten de sus conocimientos porque ese avance comunicativo lleva implícita la pérdida de de poder, la pérdida del monopolio de la comunicación.
Los medios reproducen. Según García Matilla son muchos los eventos históricos de los últimos amosque evidencian la no existencia de “vínculos directos entre el progreso tecnológico y el progreso de la comunicación entre los pueblos”. Los medios “han reproducido de forma sistemática el discurso de poder”. En este proceso hay un punto de partida claro que ha de ser el de la deconstrucción. Los medios reconstruyen y vuelven a construír desde su óptica envenenada de poder la realidad. Al espectador, tal y como se concibe, le quedan dos cosas: jugar a su juego y creérselo y o bien jugar a su propio juego y jugar a la deconstrucción para llegar a la otra realidad, la realidad primigenia. No basta con entender la realidad, hay que transformar la realidad.
¿Qué ocurre con el poder y la comunicación? Que al poder le encanta dominar la comunicación y tiene miedo de los avances tecnológicos. Kress habla de que:
Los efectos del movimiento hacia la pantalla como principal medio de comunicación producirán cambios de largo alcance en relación con el poder y no sólo en la esfera de la comunicación. Allí donde amenacen con actuar cambios importantes que afecten a la distribución del poder, habrá una feroz resistencia por parte de quienes actualmente lo detentan, de tal modo que las predicciones sobre los potenciales y efectos democráticos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tendrán que verse a la luz de las inevitables luchas que se producirán en el futro sobre el acceso al poder. Ya está claro, tendrán las más amplias consecuencias imaginables a nivel político, económico, social, cultural, conceptual-cognitivo y epistemológico (2005: 2).
Dejarse arrastrar por la grandeza de la palabra poder puede llevarnos a un bucle de pesimismo y desolación, pero “donde quiera que haya poder hay también contrapoder” (Castells, 2012: 22). El contrapoder es la tribuna desde donde los ciudadanos podemos reclamar nuestros derechos, nuestros valores, nuestras necesidades, nuestros intereses. En otras palabras:
Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han producido una situación tecnológica en la que todos pueden publicar para todos y, por medio de ese enorme cambio, han abolido la era de la comunicación de masas. Pero esta es una situación tecnológica que sólo existe “en principio” ya que si en el pasado había poder adscrito al control de los medios para la difusión de la información, ese poder todavía existe en la actualidad y no es probable que sea cedido fácilmente, sin enfrentamiento, por parte de quienes lo tienen ahora a quienes no lo tienes. En otras palabras, los potenciales de estas tecnologías implican un cambio social radica, una redistribución del poder semiótico, el poder de crear y difundir significados (Kress, 2005: 25).
BIBLIOGRAFÍA
CASTELLS, M. (2009): Comunicación y poder. Madrid. Alianza Editorial.
CASTELLS, M. (2012). Redes de indignación y esperanza. Madrid: Alianza.
GARCÍA MATILLA, A.: Educomunicación en el siglo XXI
KRESS, G. (2003): El alfabetismo en la era de los nuevos medios. Málaga. Aljibe.
lunes
Crítica y autor
La crítica ya no dispone de una lista de obras que leer, que hacerse gustar y que criticar. No puedo acceder a todo lo que se publica pues todo discurso literario es el reflejo de una serie de circunstancias vitales. La literatura se refiere a la sociedad, depende de ella y se dirige a ella.
Me atrevería a decir que corre el peligro de convertirse en una institución, en una mera institución alejada de la realidad de la tinta literaria (tal vez es arriesgado afirmar algo así..., tal vez no...). Decía Darío Villanueva que la crítica nació como algo natural, "las palabras( del texto) llaman las palabras (de la crítica) ya en la antigua Grecia.
Pero dos mil años después... es un mero "asunto académico" como la ridiculiza George Steiner en Presencias reales (1991). O se reformula o muere. Pero no puedo decir que sea el mejor estilo la oligarquía participativa que reina en meneame... Sinceramente, como diría Platón no es el mejor el gobierno de los oligarcas que desemboca en tiranos... (dejemos metáforas que nos pueden meter en senderos de difícil tránsito). Y no lo creo porque son necesarias dos cosas ( y aquí acuso a mi formación docente académica de lo que voy a decir): tener claro que puede o no formar el "hecho literario" (¿?) y tener claro o no que quiero críticar y cuáles son mis objetivos.
Hay una ambigüedad que afecta a todo esto.... y que nos hace enredarnos en la moda de lo último, lo más avanzado... (trendings topics ¿?) y que nos puede llevar a perder el rumbo. Me atrevería a establecer un paralelismo con el Arte Contemporáneo... no sé si es el momento de perder viejos anclajes y tener unos nuevos o si es necesario a partir de los viejos recrear unos nuevos. Me atrevería a decir que todavía vivimos en la cola de la crisis epistemológica de la Modernidad a lo que hay que sumar nuevos condicionantes (revolución tecnológica, web 3.0...).
No podemos encajar el concepto de crítica literaria, sin antes reformular, rehacer, instaurar de nuevo eso que llamamos "canon literario". O tal vez estemos enredados en un mismo laberinto y solo tengamos que vivir en él y esos condicionantes solo sean parte del atrezzo del relato mismo.
Sirva para esto último a modo de reflexión el principio de la Ilíada:
El gran ciego no tuvo necesidad de clase alguna de ondas televisivas o naves espaciales para mover la cámara desde los territorios celestes, más precisamente desde el colérico cerebro de Zeus, hasta abajo en la tierra, al campamento militar desplegado frente a Troya, y después sobre las cabezas dormidas de miles de soldados y comandantes, hasta dar con el cráneo de Agamenón, en cuyo interior fermenta un ensueño.
Me atrevería a decir que corre el peligro de convertirse en una institución, en una mera institución alejada de la realidad de la tinta literaria (tal vez es arriesgado afirmar algo así..., tal vez no...). Decía Darío Villanueva que la crítica nació como algo natural, "las palabras( del texto) llaman las palabras (de la crítica) ya en la antigua Grecia.
Pero dos mil años después... es un mero "asunto académico" como la ridiculiza George Steiner en Presencias reales (1991). O se reformula o muere. Pero no puedo decir que sea el mejor estilo la oligarquía participativa que reina en meneame... Sinceramente, como diría Platón no es el mejor el gobierno de los oligarcas que desemboca en tiranos... (dejemos metáforas que nos pueden meter en senderos de difícil tránsito). Y no lo creo porque son necesarias dos cosas ( y aquí acuso a mi formación docente académica de lo que voy a decir): tener claro que puede o no formar el "hecho literario" (¿?) y tener claro o no que quiero críticar y cuáles son mis objetivos.
Hay una ambigüedad que afecta a todo esto.... y que nos hace enredarnos en la moda de lo último, lo más avanzado... (trendings topics ¿?) y que nos puede llevar a perder el rumbo. Me atrevería a establecer un paralelismo con el Arte Contemporáneo... no sé si es el momento de perder viejos anclajes y tener unos nuevos o si es necesario a partir de los viejos recrear unos nuevos. Me atrevería a decir que todavía vivimos en la cola de la crisis epistemológica de la Modernidad a lo que hay que sumar nuevos condicionantes (revolución tecnológica, web 3.0...).
No podemos encajar el concepto de crítica literaria, sin antes reformular, rehacer, instaurar de nuevo eso que llamamos "canon literario". O tal vez estemos enredados en un mismo laberinto y solo tengamos que vivir en él y esos condicionantes solo sean parte del atrezzo del relato mismo.
Sirva para esto último a modo de reflexión el principio de la Ilíada:
El gran ciego no tuvo necesidad de clase alguna de ondas televisivas o naves espaciales para mover la cámara desde los territorios celestes, más precisamente desde el colérico cerebro de Zeus, hasta abajo en la tierra, al campamento militar desplegado frente a Troya, y después sobre las cabezas dormidas de miles de soldados y comandantes, hasta dar con el cráneo de Agamenón, en cuyo interior fermenta un ensueño.
¿Ha muerto la noción de autor?
Un artículo interesante sobre la idea de que el autor ha muerto: Roland Barthes, La muerte del autor
La noción de autor es prácticamente desconocida hasta Don Juan Manuel que se puede citar como el primer autor que se reconoce a sí mismo de tal manera. Así que no queda otra que decir que la palabra creada fue antes de lo que fue la idea de autoría.
La idea de autoría viene apagándose desde el nacimiento de Internet… y está herida de muerte con la nuevas creaciones. Si podemos afirmar que caminamos hacia la desaparición del concepto de género literario tal y como lo conocemos hoy en día, ¿por qué no podemos afirmar que caminamos hacia la desaparición del concepto de autor? O por lo menos, hacia su reformulación, hacia su necesaria reformulación.
Roland Barthes enreda muy bien su pluma en la conveniencia de la crítica. A la crítica le interesa que haya un autor. Pero, ¿acaso la crítica no tiene que cambiar sus anclajes y virar el sentido de sus velas?
La cocreación nos permite dar sentido a las plabras de Barthes. Es necesario darle la vuelta al mito y darle importancia al lector. La tímida intrusión de la figura del lector en la teoría de la literatura se la debemos a la Estética de la Recepción y su teórico fundamental Jauss. Habría mucha tela que cortar (la figura de Umberto Eco también es clave), seré breve y concluiré porque sobre esto podemos indagar en la red.
Juguemos a crear, a ser el blanco y negro donde se pierda la identidad del que escribe aun a sabiendas de que “el nacimiento del lector se paga con la muerte del autor”. Inevitablemente algo comienza a moverse en la maquinaria autor-lector, tal vez mejor habría que cambiar la dicotomía e ir viendo donde encaja creador y cocreador con lector y si solo queremos ser lectores y creadores mentales no reales.
Si una noche de invierno un viajero
¿El hipertexto es solo propio de los medios electrónicos o ya los grandes clásicos supieron vivir en nuevas formas narrativas?
Algunos autores clásicos nos han dejado de su pluma obras verdaderamente hipertextuales como es el caso de Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino que nos ofrece una lectura no secuencial al estilo de lo que puede ofrecer Rayuela de Julio Cortázar.
¿Es una obra posmoderna? Según Lyotard "posmoderno será ya comprender según la paradoja del futuro (post) anterior (modo)(Lyotard, 2003:25). Uno queda enredado en la telaraña de metatexto, metanovela y metacrítica. No queda más remedio que empezar el libro tantas veces como historias nos cuenta y dejarlo inconcluso. El narrador trasgrede niveles de redacción y el lector se encuentra en un momento dado con otro lector en paralelo que comparte su lectura, ya no es el solo el que está frente al texto y eso ocurre hasta en diez ocasiones en las diferentes historias fragmentadas. El libro nos recuerda a otros de este estilo como pueden ser los de Paul Auster como Viaje al scriptorium. En esta obra el lector también se encuentra desconcertado. Así, el lector se ve empujado a asumir la autoría de la narracción ya que los personajes no se deciden a contar su propia historia, el proceso de lectura es el guía el relato y el autor lo reta a ser protagonista, le obliga casi a tomar decisiones y lo avoca al descontrol. El lector no es un lector personaje lector sino que se ve incluso ficcionalizado.
A través de esta nueva modalidad, el autor nos invita a terminar con nuestro pincel algunos trazos como ocurre en el hipertexto. El lector elige, escoge el orden. Es como un gran hipertexto de pequeños fragmentos. Es un caos ordenado donde queda escoger y vivir la propia lectura. No se trata de un relato linea, aunque sí la lectura lo es.
El lector va enlazando las lexías de manera que la sensación de descontrol disminuye.Según Silva crea un rizoma. La noción filosófica de Rizoma la toma Marco Silva en “Educación Interactiva” toma el concepto de "rizoma" desde la teoría de Deleuze y Guattari, para definir algunos aspectos de la comunicación interactiva y compara la interactividad y la estructura arquitectónica del hipertexto con el rizoma “como espacio complejo de múltiples entradas, recorridos y salidas interrelacionadas y en movimiento” (2005).
Bibliografía
CALVINO, I. (1999): Si una noche de invierno un viajero. Siruela. Madrid.
LYOTARD, J.F. (2003): La posmodernidad. Barcelona. Gedisa.
SILVA, M. (2005): Educación interactiva. Barcelona. Gedisa.
Algunos autores clásicos nos han dejado de su pluma obras verdaderamente hipertextuales como es el caso de Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino que nos ofrece una lectura no secuencial al estilo de lo que puede ofrecer Rayuela de Julio Cortázar.
¿Es una obra posmoderna? Según Lyotard "posmoderno será ya comprender según la paradoja del futuro (post) anterior (modo)(Lyotard, 2003:25). Uno queda enredado en la telaraña de metatexto, metanovela y metacrítica. No queda más remedio que empezar el libro tantas veces como historias nos cuenta y dejarlo inconcluso. El narrador trasgrede niveles de redacción y el lector se encuentra en un momento dado con otro lector en paralelo que comparte su lectura, ya no es el solo el que está frente al texto y eso ocurre hasta en diez ocasiones en las diferentes historias fragmentadas. El libro nos recuerda a otros de este estilo como pueden ser los de Paul Auster como Viaje al scriptorium. En esta obra el lector también se encuentra desconcertado. Así, el lector se ve empujado a asumir la autoría de la narracción ya que los personajes no se deciden a contar su propia historia, el proceso de lectura es el guía el relato y el autor lo reta a ser protagonista, le obliga casi a tomar decisiones y lo avoca al descontrol. El lector no es un lector personaje lector sino que se ve incluso ficcionalizado.
A través de esta nueva modalidad, el autor nos invita a terminar con nuestro pincel algunos trazos como ocurre en el hipertexto. El lector elige, escoge el orden. Es como un gran hipertexto de pequeños fragmentos. Es un caos ordenado donde queda escoger y vivir la propia lectura. No se trata de un relato linea, aunque sí la lectura lo es.
El lector va enlazando las lexías de manera que la sensación de descontrol disminuye.Según Silva crea un rizoma. La noción filosófica de Rizoma la toma Marco Silva en “Educación Interactiva” toma el concepto de "rizoma" desde la teoría de Deleuze y Guattari, para definir algunos aspectos de la comunicación interactiva y compara la interactividad y la estructura arquitectónica del hipertexto con el rizoma “como espacio complejo de múltiples entradas, recorridos y salidas interrelacionadas y en movimiento” (2005).
Bibliografía
CALVINO, I. (1999): Si una noche de invierno un viajero. Siruela. Madrid.
LYOTARD, J.F. (2003): La posmodernidad. Barcelona. Gedisa.
SILVA, M. (2005): Educación interactiva. Barcelona. Gedisa.
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